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Iguales pero diferentes

UN 5% DE LOS NIÑOS SUFRE HIPERACTIVIDAD

UN 5% DE LOS NIÑOS SUFRE HIPERACTIVIDAD

 

- El trastorno hace que los afectados caigan con frecuencia en el fracaso escolar

- Un congreso reúne en Madrid mil expertos en un síndrome que puede tener consecuencias en la edad adulta

- Los niños afectados siempre están en movimiento, son olvidadizo y se distraen con mucha facilidad

"Un día mi hijo de once años explotó. Nos llamó angustiado y dijo que no podía más, que no quería vivir así. Cogió un cuchillo de la cocina y se lo puso en la tripa, dispuesto a matarse". "Es un niño inquieto, demasiado nervioso; no deja de moverse ni de molestar a los demás. Sufre arranques de furia en cuanto se ve contrariado. Se pasa el día discutiendo". "Se enfadaba con cualquier tontería y si no se le hacía caso, se golpeaba la frente con el suelo o la pared."

"Salir a dar un paseo se convertía en un suplicio. Al menor descuido, salía corriendo hasta que le perdías de vista. Salía furioso del colegio y me provocaba. Era agresivo, desafiante y tremendamente disperso".

Son testimonios de madres con hijos que sufren el síndrome de hiperactividad y déficit de atención. Unos relatos plasmados en un libro editado por ANSHDA, la asociación de padres de estos menores, en el que se recoge el dolor y la denuncia social de su situación. A veces los padres se ven incapaces, aturdidos, "como en un laberinto, una espiral que te absorbe cada vez más", retrata una. "Vivimos en una tensión familiar constante que, en ocasiones, degenera en depresiones". "El niño comenzó a desafiarnos, a no obedecer ni escuchar... la gente lo primero que piensa es que es un niño muy mal educado. Tú te sientes fatal, inútil, avergonzada, triste, desesperada".

Síntomas

Para indagar en la búsqueda de soluciones a este síndrome, Madrid acoge un Congreso sobre el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Más de un millar de médicos, psicólogos, padres y educadores debaten sobre un trastorno que sufre entre el 4 y el 5% de la población infantil y una media de dos alumnos por cada aula en la educación primaria, según Alberto Fernández Jaén, neuropediatra del Hospital La Zarzuela, de Madrid. Los síntomas esenciales de este síndrome son la hiperactividad, la impulsividad y los problemas de atención, situaciones que repercuten en el entorno escolar, social y familiar. Los niños afectados siempre están en movimiento, son olvidadizos, se distraen con mucha facilidad y con frecuencia pierden el interés por lo que están haciendo. El trastorno de estos niños reside en que padecen una alteración del sistema nervioso central y, según algunos expertos, tiene un origen marcado por los genes, aunque el entorno es fundamental para que el síndrome se desarrolle y adquiera mayor o menor virulencia. El desorden acarrea secuelas al niño, ya que se ve abocado al fracaso escolar y a una frecuente mala relación con sus compañeros. Si su trastorno no es corregido, el deterioro de sus relaciones sociales puede traducirse en la edad adulta en problemas laborales, dificultades en las relaciones de pareja o conductas antisociales.

La hiperactividad es cuatro veces más frecuente en los niños que en las niñas y afecta con la misma frecuencia a todas las razas y culturas. Tampoco puede hablarse de un síndrome contemporáneo reciente, toda vez que "la prevalencia sigue siendo la misma que hace 15 ó 20 años", dice el doctor Jaén. "Ha existido toda la vida. La diferencia es que, entonces, recibía calificativos más peyorativos". Las investigaciones más recientes indican que los niños con TDAH tienen volumen cerebral menor y, desde el aspecto bioquímico, su nivel de dopamina es más bajo en los lóbulos centrales, significa el experto.

Un gran desconocido

El trastorno sigue siendo un "gran desconocido", motivo por el que no todos los pacientes afectados reciben un diagnóstico y tratamiento adecuados. "En la actualidad no se diagnostica ni a una centésima parte de los menores aquejados del TDAH". "Este síndrome no se debe banalizar. A partir de los seis años, los padres deben estar pendientes de qué tal va su niño en los estudios y cómo se relaciona", sostiene el neuropediatra. Es decir, conocer cómo se adapta al entorno: si es impulsivo, osado, presenta heridas múltiples... "Hay que profundizar en las preguntas y no confundir el trastorno con el de un chico meramente despistado o nervioso".

En España, de momento, el tratamiento con eficacia demostrada en más de 2.000 chicos es el farmacológico, aunque "es trascendental dar a la primera con el tratamiento idóneo". El tratamiento con fármacos es imprescindible en siete de cada diez niños. La acción habitual de los padres que se enfrentan a este problema es acudir, en primer lugar, a un neurólogo especializado para que le recete la medicación adecuada y, en paralelo o posteriormente, ponerse en contacto con psicólogos expertos.

Los padres que viven esta carrera de fondo coinciden en la escasez de especialistas y en la falta de formación adecuada por parte de los profesores ante lo que consideran "necesidades educativas especiales". "Se tiende a culpar de la actitud de los niños a la educación familiar", por lo que no se pone coto al más que posible fracaso escolar de un niño con TDAH, advierte Teresa Moras, presidenta de ANSHDA.

En el camino quedan la desesperanza de los padres y, en especial, de las madres, con sentimientos de culpabilidad, angustia y síntomas depresivos. "Algunas piden reducción de jornada en el trabajo; otras lo abandonan y algunas padecen conflictos conyugales", señala Moras. "El sentimiento de culpa es constante. Pero responsabilidad, toda; culpa, ninguna".

http://www.diariodenavarra.es/diario2/noticia.asp?not
=2008012703135975&dia=20080127&seccion=culturaysociedad
&seccion2=navarra&chnl=40

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